OCTUBRE 2006
Reto del Mes:
<<Las literaturas de tradición oral, transmitidas de generación en generación con un contenido casi exclusivamente mítico y descontaminado de la cultura occidental, han sido un leiv motiv en el desarrollo de la literatura latinoamericana, desde los mitos y leyendas de los grupos sociales indígenas, hasta los cronistas españoles del siglo XVI, se han recogido en autores como Alejo Carpentier, Gabriel García Márquez, Augusto Monterroso, Pablo Neruda y Jorge Luis Borges, por citar solo a algunos de ellos. Inaugurado por Aristóteles y Plinio, el bestiario es considerado un género breve y de*****ivo muy popular en la época clásica y más tarde en la Edad Media. Podemos encontrar una descripción de la historia del género en la escritora ya citada, Martha Paley de Francescato (1977) en Bestiarios y otras jaulas y en Margaret Mason en "The Bestiary in contemporary Spanish American Literature" (1974).
Fusionando la verdad y la fantasía, animales reales e imaginarios con alegorías místicas y moralizadoras en la tradición del "enxiemplo" y en la creencia de que el mundo exterior es reflejo visible y manifestación del reino de Dios y el encanto y fantasía de tales representaciones, que los cronistas de Indias darán nuevo impulso, los bestiarios conocen el mejor momento de auge en la prosa latinoamericana del siglo XX. Son varias las obras que favorecen este fenómeno: La casa de fieras. Bestiario (1922) de Alfonso Hernández Catá, el Manual de Zoología Fantástica (1957) de Jorge Luis Borges y Margarita Guerrero o el Bestiario (1951) de Juan José Arreola, titulado inicialmente como Punta de Plata, que aparece como conjunto en 1958, aunque algunos de sus textos son de 1951, Otros ejemplos posteriores los encontramos en Para un bestiario de Indias (1968) de Alberto M. Salas, compilación de testimonios del siglo XVI, el Bestiario mexicano (1987) de Roldán Peniche B., catálogo de entes fabulosos mexicanos de la época prehispánica, Los animales prodigiosos (1989) de René Avilés Fabila o El Bestiario de Indias del Muy Reverendo Fray Rodrigo de Macuspana (1995), compilado por Marco Antonio Urdapilleta que según el profesor Lauro Zabala, reúne materiales de diversas fuentes en las que se reconocen subtextos alegóricos y una síntesis de conocimientos empíricos de diversa naturaleza. Según la información ofrecida también por el Dr. Zabala, se ha publicado el primer Diccionario de bestias mágicas y seres sobrenaturales de América (UdeG, 1995) compilado por Raúl Aceves. Por último, hemos rastreado en la existencia de algunos bestiarios poéticos, (menos divulgados) como el "Bestiario" de El jarro de flores, (1922) de Juan José Tablada, el de Estravagario, (1958) de Pablo Neruda, El gran zoo, (1967) de Nicolás Guillén, "Los animales saben" en No me preguntes cómo pasa el tiempo (1964-68) de José Emilio Pacheco, Ínfima fauna (1962) de Carlo Antonio de Castro, etc.
Todos ellos son deudores de la sugestión literaria por los animales reales o por los monstruos maravillosos. El animal fingido, tradicional o nuevamente creado, se convierte en un acicate para la imaginación y el animal real se convierte en pretexto de idearios o en fórmulas para exorcizar demonios propios: las bestias fantásticas conviven así con las inventadas.>>
"... es bueno seguir multiplicando los polvorines mentales, el humor que busca y favorece las mutaciones más descabelladas [...]
Es bueno que existan los bestiarios colmados de transgresiones, de patas donde debería haber alas y de ojos puestos en el lugar de los dientes"
Julio Cortázar
"Entre mis entornados párpados vi los enormes ojos de un gigantesco lobo, unos ojos que relucían como carbones encendidos. Brillaban también sus blancos colmillos, largos y
afilados. Percibí, espantado su aliento acre y caliente."
(BRAM STOKER: "Dracula"






