S.A.R.,

En mis paseos entre los recónditos pasajes del laberinto de palacio pensaba. Pensaba como salir de él y, de obsequio a mis preocupaciones, en como vencer al poder feudal de cierta nobleza, que de último bulle por estos reinos escritos, tanto en el suyo como el mío.

No más encontré la salida, se me ocurrió lo siguiente: proponerle una alianza regia. Ya tengo hasta la consigna que nos sirva de insufladora fuente de ánimos para vencer en nuestra gallarda cruzada antifeudal:

"Tanto monta, monta tanto;
la de corazones como el de bastos"


Imagínese el poder que pudiera atesorar nuestra alianza. Corazones y bastos. Sentimiento y fuerza. Sangre y madera. Emoción y rudeza. Pasión y golpe.

Por supuesto que nuestros súbditos pasarían a tener una doble consideración. Serán cartas de corazones de bastos. O de bastos con corazón.

Descanse primero y luego tome su decisión. Los mármoles de palacio esperan a sus mensajeros.

Desde el Reino de bastos,
el susodicho Rey