Yo no podría leer a Dostoievski en pleno verano, quizás sea por Rusia y los ámbientes sórdidos de sus novelas. Sean en la estación que sean, me resultaría extraño sumergirme en sus páginas con el sol por la ventana...

Coincido, Wendy, con lo que dices sobre El amor en los tiempos del cólera; es más, creo que todo -o al menos lo que yo he leído- de Gabo es veraniego y luminoso.

También es primaveral Ítalo Calvino; más que de verano, de estaciones intermedias, suaves.

¡Tampoco puedo concebir leer a E.A.Poe en un momento que no sea la noche!

El retrato del artista adolescente de Joyce lo leo en días lluviosos, quizás con algo de viento...

Y, cómo no, Rayuela me vale para cualquier época y hora ;)
Mandala Azul