Hay un tipo de lecturas que tengo muy, pero que muy, asociadas al invierno, y más en particular, a las fechas navideñas. Se trata de las novelitas de Agatha Christie. Creo que las raíces de esta asociación se hunden en mi infancia. Simplemente, cuando los rigores invernales me impedían salir a la calle y las vacaciones de Navidad me regalaban un montón de horas de asueto cada día, mis hermanos no tenían mejor ocurrencia que darme a leer novelitas del Sr. Poirot y de la Srta. Marple para que así me entretuviese y no les diese demasiada lata a ellos.

El caso es que me acostumbré a sentarme al calor de un buen braserito, allí muy formalito, e introduciéndome en esos ambientes cerrados de la Christie, en esas mansiones familiares en las que los invitados iban llegando poco a poco, y de pronto se producía una muerte, y después otra, y otra... Pero el asesino tenía que ser alguien de la casa.

Pues sí, como les cuento. Que todavía hoy en día, al llegar la Navidad, sufro la tentación de agarrar "Diez Negritos", o "Navidades trágicas", o cualquier otra, y a veces hasta lo hago, a pesar de que ya no las disfruto tanto como entonces.

Saludos.