Si se refiere a la ortografía, a la caligrafía y a la sintaxis es imprescindible dominarlas casi perfectamente, puesto que de ello depende que nuestro interlocutor pueda descifrar el mensaje.

Si se refiere a un ámbito general del lenguaje, es decir, no sólo a lo antes dicho sino también al habla (pronunciación, cacofonías, gramática...) digo lo mismo: es imprescindibles dominarlas casi perfectamente para que nuestro interlocutor nos entienda. Dicen que no es del todo necesario las reglas, pero la experiencia nos dice, sobre todo ahora que proliferan los teléfonos celulares, que las abreviaturas no siempre se corresponden con la idea.

Si se refiere a escribir un libro, ser escritor profesional, escribir bien surge primero de dominar las reglas anteriores y después de la inspiración. Y eso todos sabemos que no surge por saber más o menos. Escribir bien no es usar eufemismos, ni cursilerías, sino aplicar el vocablo correcto a cada situación. Quien no sigue estas reglas comete vicios de dicción. Ejemplos:

Voy a por tu madre. Nunca se escribe a por, sino sólo por. La preposición a indica lugar. En este caso el lugar no aparece (elíptico) por lo que ha de omitirse.

Se produjo un asesinato.Los asesinatos no se producen, ocurren. Producirse equivale a que el asesinato es el que comete la acción y no el asesino. En cambio si está bien dicho: se produjo a sí mismo, se produjeron dos mil toneladas de trigo o se produjo su muerte (es decir, si se suicidó).

Existen multitud de vicios de este tipo. Algunos han llegado a ser tan frecuentes que la RAE los ha introducido. Hablar bien (pero sin ser cursi) es una muestra de cultura, mayor aún que saber una fecha o de arte, porque se supone que el que maneja el lenguaje con habilidad ha leído mucho.