Reconozco ser puntillosa con los asuntos ortográficos y de sintaxis, aunque también entono el mea culpa en lo que a divagar se refiere, que no es sino la imprecisión del pensamiento (a menudo más dolorosa que la formal) convertida de forma egoísta en palabras.
Al respecto, les sugiero un libro divertido e inteligente de Amando de Miguel titulado "La perversión del lenguaje".

Feliz año a todos.