Hace unos años, Seiduna, me sucedió algo parecido a lo que cuentas, por lo que tu escrito me tomó de las manos y me llevó en el tiempo.
No se llamaba Arturo aunque su nombre comenzaba con A.
No iba en moto aunque el escenario también era una autopista.
También, como Arturo, dejó un hijo y una mujer un día de domingo...
Desde entonces, todos los lunes mi hijo y yo cumplimos años debido, quizás, a ese ángel (o como se llame) que nombras.

Hoy, con tu relato y mi viaje en el tiempo, me miré a mi misma, me buceé y sentí el alivio que brinda el haber crecido.
Hoy hice con tu historia mi historia tratando de sentirme cerca de la mujer de Arturo para decirle que es así tan duro, que no hay palabras cuando se pierde la voluntad, que sólo es cuestión de...tiempo.
Hoy rearmé con tu historia mi historia; me miré en el calendario y sonreí porque pude asomarme a la vida y reencontrar el amor. El amor...todo lo cura.