A veces el persistente ruido del mundo
deja paso a un silencio inquietante,
cientos de imágenes en desfile mudo
atraviesan mi mente en enjambre.
Recuerdos de todo lo que ha sido
y dolorosa resistencia a aceptarlos,
las inútiles esperanzas que anido
de habitar otro mundo, de crearlo.
Al final de la noche, cuando duerme el viento,
yo ya no sé si el vacío resulta del dolor,
o si mi mente inconciente imagina su color
para, siquiera por un momento, sentir que siento.

