ÍNDICE:
-En horas de insomnio
-De vuelta a casa
-¡Dime qué dices, mar!
-La mar ciñe a la noche su regazo
-Morir soñando
-Veré por ti
-A mi buitre
-Noche de luna llena
-Es una antorcha
-Nuestro secreto
-¿Por qué esos lirios que los hielos matan?
-Horas serenas del ocaso breve
-Hasta que se me fue no he descubierto
-Dormirse en el olvido del recuerdo
-¿Qué es tu vida, alma mía?
-Sed de tus ojos en la mar me gana
-La luna y la rosa
-Dolor común
-Hay ojos que me miran, hay ojos que sueñan
-El cuerpo canta
-Sombra de humo
-Me destierro
-Al amor de la lumbre
-Castilla
-El armador aquel de casa rústicas
-La oración del ateo
-Es una antorcha
-Pasasteis como pasan por el roble
-Te da en la frente el sol de la mañana
En horas de insomnio
Me voy de aquí, no quiero más oírme;
de mi voz toda voz suéname a eco,
ya falta así de confesor, si peco
se me escapa el poder arrepentirme.
No hallo fuera de mí en que me afirme
nada de humano y me resulto hueco;
si esta cárcel por otra al fin no trueco
en mi vacío acabaré de hundirme.
Oh triste soledad, la del engaño
de creerse en humana compañía
moviéndose entre espejos, ermitaño.
He ido muriendo hasta llegar al día
en que espejo de espejos, soy me extraño
a mí mismo y descubro no vivía.
-En horas de insomnio
-De vuelta a casa
-¡Dime qué dices, mar!
-La mar ciñe a la noche su regazo
-Morir soñando
-Veré por ti
-A mi buitre
-Noche de luna llena
-Es una antorcha
-Nuestro secreto
-¿Por qué esos lirios que los hielos matan?
-Horas serenas del ocaso breve
-Hasta que se me fue no he descubierto
-Dormirse en el olvido del recuerdo
-¿Qué es tu vida, alma mía?
-Sed de tus ojos en la mar me gana
-La luna y la rosa
-Dolor común
-Hay ojos que me miran, hay ojos que sueñan
-El cuerpo canta
-Sombra de humo
-Me destierro
-Al amor de la lumbre
-Castilla
-El armador aquel de casa rústicas
-La oración del ateo
-Es una antorcha
-Pasasteis como pasan por el roble
-Te da en la frente el sol de la mañana
En horas de insomnio
Me voy de aquí, no quiero más oírme;
de mi voz toda voz suéname a eco,
ya falta así de confesor, si peco
se me escapa el poder arrepentirme.
No hallo fuera de mí en que me afirme
nada de humano y me resulto hueco;
si esta cárcel por otra al fin no trueco
en mi vacío acabaré de hundirme.
Oh triste soledad, la del engaño
de creerse en humana compañía
moviéndose entre espejos, ermitaño.
He ido muriendo hasta llegar al día
en que espejo de espejos, soy me extraño
a mí mismo y descubro no vivía.

