Era septiembre y yo estaba en París como la turista vocacional que soy,la ciudad había desplegado todas las bellezas prometidas por las guías tan cuidadosamente estudiadas y todo lo que no se puede esconder detrás del decorado:Las viejas iglesias,los cafés,la catedral con sus gárgolas burlonas,el metro lleno de gente de mil razas,las tiendas más caras y las que apestan a queso,el río,la torre,el museo,los pequeños jardines...
Yo paseaba por la orilla del río,entre los puestos de libros,cuando vi algo tan tópico como todo lo demás pero totalmente inesperado,una pareja besándose en un muelle de la orilla izquierda,de pie,vestidos los dos con gabardinas,solos en medio de la ciudad;una escena que seguro había visto en más de una película de los sesenta;busqué las cámaras,pero no las había...
En realidad eso era lo que me había llevado allí,pero el reparto estaba equivocado,yo estaba en París con mis hijos y el que debía besarme llevaba ya dos años muerto.
Yo paseaba por la orilla del río,entre los puestos de libros,cuando vi algo tan tópico como todo lo demás pero totalmente inesperado,una pareja besándose en un muelle de la orilla izquierda,de pie,vestidos los dos con gabardinas,solos en medio de la ciudad;una escena que seguro había visto en más de una película de los sesenta;busqué las cámaras,pero no las había...
En realidad eso era lo que me había llevado allí,pero el reparto estaba equivocado,yo estaba en París con mis hijos y el que debía besarme llevaba ya dos años muerto.


