El mundo del revés o la democracia de la peste.
Cuando uno empieza a notar un cierto hedor en el ambiente, y se da cuenta de que no es uno, de que proviene de la demás gente, digamos que de "esos tipos extraños", nos ponemos nuestros guantes y nuestros zapatos, cubrimos nuestro cuerpo entero para que los caballos, aquellos que descubrió Gulliver en su isla, no noten que somos uno de ellos, nos bañamos a diario y buscamos a toda costa una isla desierta en donde exiliarnos, en donde no mirarlos, no olerlos, salir de la democracia de la peste, en donde el que usa la nariz resulta el apestado. Prémiense, alábense y háganse reverencia en el mundo del revés. Reclúyanse, apártense los apestados.
Cuando uno empieza a notar un cierto hedor en el ambiente, y se da cuenta de que no es uno, de que proviene de la demás gente, digamos que de "esos tipos extraños", nos ponemos nuestros guantes y nuestros zapatos, cubrimos nuestro cuerpo entero para que los caballos, aquellos que descubrió Gulliver en su isla, no noten que somos uno de ellos, nos bañamos a diario y buscamos a toda costa una isla desierta en donde exiliarnos, en donde no mirarlos, no olerlos, salir de la democracia de la peste, en donde el que usa la nariz resulta el apestado. Prémiense, alábense y háganse reverencia en el mundo del revés. Reclúyanse, apártense los apestados.
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