La familia Burrón recibirá la Medalla José VasconcelosMilenio Diario
18-Sep-03
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Si don Gabriel Vargas hubiera seguido el consejo de los médicos el mundo se habría privado de muchas risas y carcajadas. Para nuestra fortuna el dibujante sólo dejó pasar 15 días para retornar a su obsesivo ritmo de trabajo, el cual ha mantenido hasta nuestros días, incluso después de sufrir una parálisis de medio cuerpo. Su buena madera y decisión inquebrantable de no delegar la elaboración de los textos lo mantienen en pie.
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¿Cómo se siente ante la perspectiva del homenaje?, le preguntamos en entrevista que lo aparta momentáneamente de su trabajo. Un tanto apesadumbrado responde: ¡Inquieto, yo no estoy muy acostumbrado a estas cosas! No soy muy afecto a estas cosas, hay gente que le gusta exhibirse y a mí, al contrario. Estoy ciscado, pero me da gusto porque yo creí que jamás se fijarían, que un monero como yo podría ser premiado alguna vez. Nunca lo soñé, a pesar de que he hecho miles y miles de pequeños argumentos en historieta. Calculo que son más de tres mil los cuentos que he hecho, todos absolutamente originales. Fue un trabajo de bestia, desde hace más de 60 años a la fecha.
El Sol sale para don Gabriel
Aunque todos relacionamos el nombre de Gabriel Vargas con La familia Burrón y su corte de personajes entrañables, el dibujante insiste en que ha hecho otro tipo de trabajos. Le pide a su secretaria que le traiga varios álbumes para mostrar algunas series. He realizado suplementos bien hechos, vistosos. Toda la gente cree que nada más he hecho La familia Burrón. ¡No es cierto, es un cuento!, dice alzando la voz, casi indignado. La gente ignora mi verdadero trabajo en los periódicos. Yo me metí en el texto, no nada más en el dibujo.
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Génesis de una familia entrañable
La familia Burrón, dice su creador, empezó con unos muñequitos. Luego hice una familia para no aburrir a la gente. Por ejemplo, hay una historieta norteamericana, Educando a papá, que desde hace 60 años muestra a la señora Ramona y su marido, ¡ya fastidia! Para no caer en ese error fui creando personajes y cada uno actuaba de acuerdo a su forma de ser: un ratero, un vampiro que viene de Transilvania para chuparles las sangre a las mujeres mexicanas, don Briagoberto Memelas y así un montón de muñequitos que he hecho. Pero ninguno es mi favorito. Empiezo a hacer el texto de acuerdo a lo que se me ocurre en el momento.
Si hay un personaje entrañable en La familia Burrón es Borola Tacuche de Burrón, mujer de temple que con mucho se adelantó al feminismo. Su origen, recuerda Gabriel Vargas, se remonta a su niñez. De chiquillo la mamá de un muchachito al que decíamos El Baby iba a visitar a mi mamá; era una señora ocurrente, con pecho de cantante de ópera, enorme. Le preguntaba a mi madre: ¿Por qué no deja que Gabrielito venga a jugar con mi hijo? Mi madre le respondía: Es que no nos gusta meternos en casa ajena, no vayan a quebrar algo. Finalmente me dejaron ir.
Cuando iba a casa de El Baby le llamaba la atención que su mamá siempre estaba en bata, pintándose las uñas, arreglándose. A su marido, un chaparrito muy obediente que era abogado, le gritaba: ¡Fulano, ve por el pan y la leche! ¿Qué quiere vieja?, preguntaba a su vez. ¡Quiero esto, esto y esto! El señor se ponía el pantalón arriba de la piyama y salía. Yo contaba las cosas en mi casa, pero mi madre me decía: ¡Cállese, usted nunca cuente lo que ve en casa ajena! ¡Le están brindando un hogar, así que no hable!
De esas vivencias nació Borola, nada más que la hizo flaca porque una gorda no habría tenido tanta movilidad. De esa señora mandona que siempre estaba sobre su marido saqué a Borola: ¿Por qué llegaste anoche a las nueve de la noche si cierras tu despacho a las seis de la tarde? Es que me fui con los amigos, replicaba el marido. ¡Ningunos amigos, valgo más que tus amigos! Esos detalles se me fijaron mucho en la mente y cuando se me ocurrió hacer a doña Borola, se me figuraba esa señora y su esposo, un hombre buenísimo, muy dulce, de donde nació don Regino Burrón.
Xavier Quirarte
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