"Desahogos" dice el encabezado de está que ayer fuera una de las secciones más concurridas del foro. No he tenido muchos deseos ni mucho tiempo para escribir últimamente y participar en el foro "fantasma" en que se ha convertido esto, pero si de repente me han dado deseos de desahogarme (¿Salir de la profundidad a tomar aire será?). Hace ya casi dos años que mudé mis "intereses" al lejano oriente donde ahora permanezco la mayor parte del tiempo, los cambios han sido graduales y como es fácilmente comprensible una de las mayores dificultades ha sido aprender a comunicarse. A pequeños pasos y guiado por la necesidad me ha sido posible aprender suficiente del lenguaje chino para sobrevivir, he aprendido también que contrario a lo que pensamos en occidente, el lenguaje de señas no es universal y puede prestarse a confusiones y malentendidos. El inglés no es lengua franca más allá de las grandes ciudades de la costa Este y tierra adentro puede ser tan desconocido a los chinos como el guaraní. De hecho he aprendido que no hay nada absolutamente "universal", ni siquiera las sonrisas. Hay conceptos "occidentales" y "orientales" (más precisamente chinos) y hay puntos en los que los conceptos son tan "paralelos" que realmente carecen de puntos de contacto.
Al punto. La cuestión que me ha hecho reflexionar y sentir el deseo de escribir para desahogarme es el reconocimiento necesario de mi analfabetismo en esta nueva realidad de la que trato de formar parte. Como niño pequeño tengo ya un buen rato balbuceando el lenguaje y manejándolo con notable torpeza. En mi caso he venido aprendiendo en forma práctica manteniéndome alejado de la escritura china y hasta ahora limitándome a la mera memorización de los signos indispensables como "baño de hombres", "entrada", "salida", "peligro no entre" y otros así, también los nombres de algunos de las estaciones en el metro de Shanghai y los de los nombres de los aeropuertos que más utilizo. También reconozco con alguna dificultad los nombres de algunas ciudades en los tableros de los aeropuertos y estaciones de tren. El aprendizaje del chino se completa didácticamente, al menos actualmente, con el aprendizaje del "Pinyin" que es un sistema híbrido que utiliza los caracteres occidentales con acentos diversos que indican la entonación necesaria, es como escribir palabras al tiempo que se indica la partitura pentatonal complementaria, es útil para aprender pero en la vida real nadie escribe en "Pinyin". El caso es que el sábado pasado llego por fin el día en que debí tomar la pluma especial con que se práctica la caligrafía local, y comenzar de nuevo a hacer "palotes", es decir finos trazos de arriba abajo, de derecha a izquierda, de diferente longitud, etc. Comencé a aprender las reglas que aplican a la escritura de los caracteres chinos y por supuesto a cometer errores similares a los de hace treinta y tantos años. Hasta ahora no había tenido conciencia plena de mi analfabetismo. La incomprensión del sistema de escritura local la había asimilado como un accidente temporal eventualmente salvable. Hasta ahora me he dado cuenta que estoy acá en la misma situación de necesidad que mis alumnos adultos a los que alfabetizaba veintitantos años atrás. No puedo leer los diarios o revistas, no soy capaz de leer ni siquiera los letreros más simples que indican los nombres de las calles, si repentinamente perdiera la voz quedaría absolutamente incapacitado para comunicarme, no me es posible llenar un cheque pues igual que en occidente se llenan con cantidad expresada en números y letras. He caído de respetable libroadicto a analfabeto que inicia un largo proceso de reeducación.


